martes, marzo 21, 2006

Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 94

Dante ha vuelto a descender al infierno, pero esta vez con un GPS.
Y las coordenadas marcan justo enfrente de tu espejo.
No es preocupante, porque si sabes donde estás siempre tendrás más oportunidades de salir de allí.
O al menos te quedará la voz del GPS suplicándote:
Un paso adelante, por favor.
Un paso adelante por favor.
Un paso adelante por favor.

Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 91

Se agazapaba dentro del dispensador de la ducha.
Llegaba de la montaña, y se quedaba allí esperando hasta que accionaran el grifo.
El viaje en si le parecía un aburrimiento. Vueltas y mas vueltas a través de recovecos y tuberías. Pero ansiaba el momento de llegar a su destino.
Allí desde su mirador había asistido a escenas de todo tipo.
Desde como un padre lavaba el pelo a su hija con todo cuidado, a besos que le parecían más húmedos si cabe que el mismo.
El desespero y los lloros del amante despechado, el cansancio de los años de los mayores que se inclinaban en la bañera, los juegos de algunas mascotas y sus amos.
Era una buena atalaya para observar a los humanos.
Incluso cuando abrían los grifos, y el tocaba durante unos instantes esos cuerpos intentaba llevarse un poco de lo que había visto.
Desgraciadamente no lo conseguía. Y proseguía su periplo hasta volver a la montaña.
Y allí seguía esperando que le reclamaran, y poder disfrutar de aquellos momentos nimios que nosotros despreciamos por parecernos irrelevantes.
Sin embargo, el agua pensaba ciertamente que incluso unos segundos de contacto con esas personas eran una vida, y que si los observaba con atención, merecían todo el respeto por lo bellos, emocionantes, tristes o dramáticos que pudieran ser.
Y al que escribe también se lo parecen y procura prestar atención a todo eso, y pensar que no hay que volar en un reactor para encontrarlos. Solo observar. Como alguien hace ahora conmigo.

Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 93

Ella se sienta en una piedra. Con cuidado, porque el último la hizo daño.
Ha estado vaciando penes de camionero toda la mañana, y el de algún jubilado que paseaba haciéndose el encontradizo.
La cara la tiene llena de huellas. La vida quema. Como los cigarros que consume uno a uno.
Fue bella. Ahora se oculta detrás de unas grandes gafas de sol. Un anorak la protege y cubre, entre tanto enseñar su cuerpo.
No habla. Solo deja que el sol la acaricie, en vez de meterla mano.
El se acerca, y hace lo único que prohíbe ella. La besa y la dice que es una flor, de las que sale en primavera.
Ella sonríe, y se levanta buscando a otro. Si le extrae el semen los dos comerán en un chino, y ella se quitará las gafas para que el vea unos ojos de enamorada.

Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 92

De él decían que tenia la dentadura falsa. Pero sus dientes no dormían en un vaso, sino bien aferrados.
Sus gafas, de plástico, pero veían la sonrisa del que lo lee.
Su pelo, de alambre, pero se erizaba si lo acariciaban.
Su cabeza grande, pero contenía poca envidia.
Sus muslos, enormes, pero soportaban todo su peso con firmeza.
Sus pies, lentos, excepto cuando pedían ayuda.
Su espalda algo encorvada, pero con varios almacenes libres para albergar el trabajo, la pena y lo que le echaran.
Su pecho grande, aunque imperfecto por no albergar esperanza.
Su corazón, de carbón, pero si soplaban todavía brillaba un ascua.
Sus manos, torpes. Pero suficientes para teclear quien es.

Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 90

Hoy hace frío.
Como el día que vi a la Muerte.
Estaba sentada en un portal, al lado de un mendigo viejo.
Apoyaba su mano en el hombro de él. Como camaradas.
El no tenía miedo, y la miraba con una con una boca tan abierta, como falta de cuidados.
Ella era bellísima. Un rostro de angel. Se cubría con una capa roja y solo se le vislumbraba unos dientes perfectos y una sonrisa cazadora.
Yo la ofrecí la mitad de la garrafa de Mistela, un vino afrutado que llevaba. Ella la cogió, ofreció un sorbo a su nuevo acompañante, y volvió a sonreír.
Yo seguí a lo mío y desde entonces no he vuelto a probar ese licor.
Pero la recuerdo y espero que me ofrezca algún día un trago. Y su sonrisa.
De buen rollo.
Nada dramático.

Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 88

- "No se a quien quieres engañar con esa actitud tuya de no haber roto un plato en la vida. Cuando yo te conocí no eras nada. Siempre enseñándote y abriéndote para todo el mundo. Maldigo el día que te traje para casa. Lo único que debías hacer es tener la cena lista y no sirves ni para eso."
La lluvia de golpes siguió a las palabras. Y cuando Ella acabo con él, lanzó un suspiro y se fue a la cama.
Mañana se compraba otro microondas.