miércoles, noviembre 30, 2005

Cuentos cortos y X (para los que nacimos cansados)

Ella sabía que lo quería desde el mismo momento que lo vió. Siempre había deseado tener uno. Uno potente, joven, deportista, no uno cualquiera como los que se contentaban sus amigas. Con un golpe del bolso rompió la caja de cristal y salió corriendo antes de que ellas la pudieran detener.

Cuentos cortos IX (para los que nacimos cansados)

- Está rico el vino.
- Es del año en que fuimos felices, ¿Te acuerdas?
- La verdad es que no, ¿Me pones más?

Cuentos cortos VIII (para los que nacimos cansados)

El portal olía a Africa. Se cambió las gafas por unas de sol. La vecina sacudía las sabanas. El hizo un gesto con la mano y le devolvió la despedida.

Cuentos cortos VII (para los que nacimos cansados)

Al encenderse la luz la almohada con la que peleaba todas noches le ha rogado que no la doblara más y que la hiciera el amor hasta que saliera el sol. Cuando el primer rayo de sol entró por la ventana la alfombra los ha encontrado a los dos ,muertos, abrazados.

Cuentos cortos VI (para los que nacimos cansados)

El viejo, con el pelo todavía muy negro, hablaba con el joven pelirrojo y la cara llena de pecas. El joven le había contado que estaba deprimido, porqué no sabía muy bien como decirle a la joven rubia que vivía al lado, lo enamorado que estaba de ella.
El viejo dijo: "Esperas que pase algo y solo pasa la vida".
La mujer mayor, pelirroja y con la cara llena de pecas, les trae un té con pastas caseras. Según lo pone en la mesa, le guiña el ojo al viejo, como cuando los dos eran jóvenes. El viejo ríe.

Cuentos cortos V (para los que nacimos cansados)

El ciego tocaba la única tonada que sabía interpretar con su viejo violín, cuando pensó en lo bonito de ver un pensamiento a través de palabras disfrazadas, o de una mirada. La pareja, que había oído la misma música día tras día, se detuvo a contemplar al músico. Luego la madre con los niños que llevaba al colegio. Los guardias que controlaban el tráfico, el autobús. En un momento fueron cientos los que miraron a los ojos del ciego

Cuentos cortos IV (para los que nacimos cansados)

A la chica que sujeta la cámara le duele la garganta. El actor lo nota porque ve que le caen unas gotitas de sudor por la frente. Debe ser la fiebre, piensa el. En realidad es la tensión de una escena inolvidable

Cuentos cortos III (para los que nacimos cansados)

Al mojar la magdalena en el café se me fue el brazo hasta el codo dentro de la taza. Luego el hombro. Luego la cabeza. Cuando chapoteando conseguí subir a la superficie del mar de café, la playa estaba llena de gente que tomaba el sol para volver su piel blanca.

Cuentos cortos II (para los que nacimos cansados)

Soñaba con ella, cuando me la vieja me despertó, después de la tercera vuelta completa al metro. Subí la escalera hacía la salida y allí estaba con su bolsa de Zara.

Cuentos cortos I (para los que nacimos cansados)

Conocí a una chica cuya piel olía a coco y su cerebro a queso. La despedí de mi lado porque no entiendo la cocina moderna.

Padres, Madres e Hijos I

El guardia no entendía nada. Le habían avisado de que una multitud se concentraba en la plaza y que el desorden era ya considerable. El tumulto se había formado desde hacía unas dos horas. Justo el tiempo que llevaban besándose en medio de la plaza.
- ¿Por un beso se ha formado este lío? Pensó.
Se abrió paso como pudo hasta que por fin vio lo que ocurría.
Todo el mundo asistía al espectáculo que formaban los tres. El pequeño de la mano de su madre miraba al gentío, y luego observaba como la besaban. La horda había intentado atraer al nene con la promesa de golosinas, pero el crío los ignoraba.
El guardia se acercó al niño despacio. El crío soltó la mano con suavidad y se acercó a el.
- ¿Niño, te pasa algo?, pregunto el guardia.
- ¿Has visto lo mucho que se quieren mis dos mamas?, dijo el nene, ¿No es bonito?
El tenía la sonrisa más grande del mundo y el semblante lleno de orgullo porque pensó que todos admiraban lo mucho que se querían.
Amablemente la autoridad se dirigió a los mirones y les pidió que se disolviera. La gente empezó a moverse y fueron desapareciendo, volviendo a sus quehaceres.
El niño volvió con sus madres, las cojio de la mano y saltando feliz en medio de ellas siguieron su camino al parque
El policía se quitó la gorra, se rascó la frente, sacó su bolígrafo y apuntó en su informe que hacía tiempo que no veía una familia tan feliz y que eso era digno de reseñarse.
(Dedicado a skultural, mi hermano, y los que forman un arco iris, que como bandera no deja de ser preciosa)

Padres, Madres e Hijos II

Adú cuando montaba en el ferry que cruzaba el estrecho nunca miraba la costa de África. Siempre miraba el agua. Veía la sonrisa de su madre, y lloraba.
El era muy pequeño cuando ocurrió. Pero la imagen se le quedó fija.
No fue mala suerte, no. Aquella barca llenísima de gente, el oleaje y un montón de gente que venía de un desierto, no es mala suerte, es una invitación a la tragedia.
La noche, eso si, era clara, y al menos la luna fue indulgente. Seguro que era la misma que el contemplaba en el campamento, y a la que la cantaba su madre, para que el se durmiera y no hiciera ruido.
Su madre tampoco sabía nadar, eso suponía, porque fue hace tanto.
Sin embargo, si tuvo tiempo de alzarle a el, y entregárselo como un regalo al señor del barco grande que había acudido en su auxilio. Quizas por eso se hundió con esa sonrisa que el recordaba.
Adú a partir de entonces tuvo muy claro que clase de padre sería. Aunque cada vez que cruzaba el estrecho en ferry no podía evitar llorar.

Padres, Madres e Hijos III

Los dos niños se entretienen jugando con unas chapas que han recogido en el bar donde han pedido agua hace poco.
El descansillo de la escalera esta oscuro, pero ya no se levantan a encender la luz de la escalera porque un vecino les ha regañado. Ya la habían encendido un montón de veces.
Miran la puerta del portal que ha sonado, pero no es su padre. La niña tiene un poco de frió y su hermano le deja el abrigo.
Mama les ha dicho que se iba de viaje y se ha llevado al hermano pequeño. Los ha sacado de casa, los ha dejado allí y se ha ido con una maleta. Los niños no entienden nada, pero piensan que al menos no verán otra vez a su madre amenazar a su padre con unas tijeras, o a su padre reventar un cenicero contra la pared.
A las 11 suena otra vez el portal y aparece su padre, borracho como casi todos los días.
Uno decide que no tendrá hijos, la otra que también se irá de viaje cuando sea mayor.
El que escribe piensa que no sabe porque tiene que pagar las facturas de los demás.

Padres, Madres e Hijos y IV

La profesora los ha reunido a todos. Están casi todos los padres de los niños en un aula. Es un poco ridículo verlos sentados en esas sillas enanas que ocupan sus hijos normalmente. Pero el tema es importante.
La profesora les lee el resultado del examen.
De los 20 niños 10 han contestado que de mayor quieren ser famosos, 5 que quieren ser DJ (esto lo ha buscado en Internet y resulta que es pinchadiscos), 3 niñas, mises y 1 futbolista permanentemente lesionado.
Los padres lo comentan orgullosos y se levanta la sesión.
Cuando salen todos uno se acerca a ella y le pregunta:
- ¿Y mi hija que ha contestado?
Ella dice:
- Vendedora de naranjas.
Los dos se ríen y se van a gastar su precioso tiempo tomándose una caña de cerveza y pensando que quizás hay esperanza en este puto mundo.

Fantasmas y monstruos I

- ¿Diga?
- Hola, ¿Que tal estás?
- Mejor
- ¿Seguro?
- Sí, no te preocupes
- ¿Te ha vuelto a pegar?
- No, no. Estoy preparando los sandwiches para la comunión.
- ¿ Y el?
- Se ha ido a confesar, creo.

Fantasmas y monstruos II

- Hoy he escrito un cuento
- ¿Sobre que?
- Un amigo mío que se llama Tor
- ¿Quien es, nena, no lo conozco?
- Vive bajo tierra, es una tortuga. ¿Te lo leo?
- Sí por favor
- Es un cuento precioso hija. ¿Me lo traerás el próximo fin de semana?
- Claro papi, adiós.
Los demonio se le desatan, pero el beso futuro los calma diciendo que el se encargara de premiarla y decirla que aunque su padre no estaba allí, siempre guarda lo mejor para ella.

Fantasmas y monstruos III

- ¿Has terminado el correo?
- Sí
- Ok. Envialo y comprueba las rutas para que no haya lag.
- Sin problemas.
Soy un Ingeniero en Telecomunicaciones y sin embargo incapaz de decirla cuanto la quiero.

Fantasmas y monstruos V

- Y ahora que has muerto, ¿Crees en Dios?
- No sabría que decirte. Déjame que espere un poco.

Fantasmas y monstruos VI

Cuando estaba recuperando la consciencia le pareció que en la radio cantaban aquella canción que le gustaba cuando era joven al que le había reventado la ceja.
"Te quiero enamorar,
con el suave viento,
gratis y fresco
de mi abanico de cristal"

Fantasmas y monstruos VII

Encerrada en aquella caja, y oyendo a través de ella a su familia llorar , le pareció que en realidad todo el volumen perdido para parecer bella era un inmensidad, y que el espacio sobrante que había ganado para toda la muerte no había merecido tanto sufrimiento para tanta gente.

Fantasmas y monstruos (Epílogo)

Contemplo una vez que pocas palabras para algunos dicen mucho.
En cambio, a otros por mucho que se les diga no se dan por enterados,o no quieren comprender o no ven más alla de sus narices.
Una pena.
Dulces sueños a todos,sobre todo a los que como yo, tenemos demasiado en que pensar.

Violencia de género y número (I)

Dos fieras enzarzadas soldadas por el odio y en medio un héroe. Como Hércules, separando las 2 columnas, los brazos tensos, los dientes apretados y el gesto negando los rasgos de su bello rostro.
Una gota de saliva y otra de sangre caen sobre su rubia caballera, pero el no ceja en separar a sus padres.
Un semidiós de 1,20 cm. y 7 años de edad.

Violencia de género y número (II)

Los golpes llueven a montones con música de hip hop. El lo protege dentro de su chaqueta llevando las manos hacía su interior. La fila compuesta por sus compañeros de clase no acaba nunca, como los golpes.
Que no le pasa nada, que no le pasa nada, por favor.
Arrecia la paliza y sus gafas saltan. Mientras las recoge sin soltar su tesoro, una patada le recuerda que debe continuar.
Cuando consigue entrar en el colegio se dirige corriendo a la biblioteca, sin recomponerse.
- ¿Que te ha pasado?, le pregunta la bibliotecaria
- He conseguido salvar a Moby Dick, dice el niño, entregando un libro indemne.

Violencia de género y número (III)

Alguien tenía que pagar que no fuera tan guapo como Brat Pitt, ni la tuviera como Nacho Vidal, ni el dinero de Florentino Pérez, ni la coleta de Beckam.
Así pues agarro a su mujer y la penetró por detrás con tanto ímpetu, que la cabeza de ella se estrello contra la pared. Aun dolorida, ella pensó que menos mal que el siempre se corría a la velocidad de Speedy González.

Violencia de género y número (IV)

Antes de que llegue la publicidad, y viendo al entrevistado dudar y sudar bajo el foco, ella, la contertulia lanza su andanada final.
- Mira, tengo las imágenes, degenerado.
El video muestra como el hombre sale de un colegio con sus hijos de la mano. Se agacha y los besa en la frente.
La contertulia se hincha como un pavo y por el momento se olvida del amante que le espera a la salida antes de que vuele a Madrid y de que otra vez le ha dejado mortadela de cena a la criada ecuatoriana.

Violencia de género y número (V)

- ¿Otra vez tofu?, ¿Cuando me vas a hacer unos macarrones con chorizo?
- Cuando te quiera

Violencia de género y número (VI y Fin)

Hasta que me separé mis padres no sabían que me había casado.
¿La razón? No se lo dije. No les invité a mi boda. No hubo invitados. Dos testigos de la parte contraria, mi hija, mi ex y yo.
¿Por qué? Pues no lo se. Mi razón es que respete que mi ex no quisiera que supiera nadie que nos habíamos casado, después de 20 años de conocernos. Y por supuesto, porque pensé que en esta sociedad tan absurda Lucía estaría mejor protegida contra cualquier cosa.
¿La suya? Ni idea. Nunca me lo explicó. Pero fui culpable de acceder a su deseo.
No tengo más ganas de contar historias de violencia. Y aseguro por experiencia que no se cual de las historias es peor. Algunas por ficticias y otras por reales

Filosofía demagoga

Alguien que habla me pregunta si creo que querer es poder.
La digo que no, que es mentira.
Ella insiste
La digo que yo me quiero acostar con ella esta noche, y no puedo (1000 razones)
La filosofía se la pega otra vez con el muro de la realidad.
Coelho eres un puto estafador. Que lo sepas.

Historias que me inquietan y V

Mientras medito la necesidad de llenar una pantalla con signos que dificilmente nadie interpretará.
Mientras busco una razón en comunicar la angustia que puebla mi garganta y agarrota mis dedos.
Mientras prefiero embotar el cerebro con cualquier licor que lo acune.
Mientras...
mientras espero oir la voz a mi espalda, que no llega, y sin embargo, me apuñala.

Historias que me inquietan IV

Desde arriba de mi loma contemplo la llanura y a ellos en la otra colina.
Vociferan y los primero ecos me golpean. Mi única oportunidad es la distancia corta.
Empiezo a correr descendiendo y ellos alzan aún más sus voces.
Cuando recorro la mitad de la distancia hacia su atalaya ya voy sangrando.
Inicio el ascenso y se clavan sus gritos como agujas de alfiler. El dolor es insoportable. Pero no tengo más opción.
Gritan como posesos y mi ropa esta hecha jirones.
Un último esfuerzo y finalmente me presento ante ellos. Sin pronunciar queja , me quito las gafas.
Los miro fijamente a los ojos sin odio y ellos callan al fin. Conocen, y recuerdan, cuan equivocados estaban conmigo.

Historias que me inquietan III

Me levanto por la mañana, y al calzarme las zapatillas, en la oscuridad, los pies no entran. Forzando un poco, apretando de un lado y de otro, introduzco el pie. Tiran de mí. Con fuerza. Otra vez.
Noto que la pierna esta recubierta de tela fina hasta la rodilla. Me doy cuenta que no son zapatillas sino mangas. Siguen tirando hasta que el pecho me llega al cinturón del pantalón. Intento ladearme y al final entro por una pernera. Saco la cabeza para respirar.El dobladillo me araña el cuello.
Definitivamente la profecía era cierta. El mundo ha dado la vuelta y han decidido ponernos en nuestro sitio

Historias que me inquietan II

Al salir de casa, me encuentro a un hombre que me pregunta por donde quiero ir.
Sacudo la cabeza y ya no esta.
Al llegar al kiosco, la mujer me da una revista en alemán que no entiendo.
El camarero me pone una infusión que huele a azahar. Los de la mesa de al lado me miran y me sonríen.
Al entrar en el parking, salen de sus coches y me aplauden.
La ovación me acompaña por el pasillo hasta llegar a mi mesa de trabajo.
La silla está como siempre en débil equilibrio. Al borde del acantilado donde rompen las olas.
Hoy corre una ligera brisa.
¿Será el día?
Creo que he visto asentir al limpia cristales.

Historias que me inquietan I

Me enjuago la cara con agua caliente. Pongo espuma y me miro.
La cara no la identifico como la mía, y la mano que con precisión rasura la barba, tampoco.
La chica que fuma un cigarro sentada en la taza observa.
Le pregunta algo a la cara del espejo.
Llama por mi nombre al que se afeita, pero juraría que se equivoca.
¿Habrán vuelto los espejismos?

Historia de navegantes

Ella, harta de palizas y demás, se prometió a si misma que al primer hombre que mereciera sus más hermoso pensamiento le haría feliz. Aquel pensamiento era "eres un encanto".
El, cansado de esperarla a ella, se prometió a si mismo que a la primera mujer que dijera las palabras mágicas la haría feliz. Las palabras eran "te quiero".
Un día quedaron para hablar sobre los viejos tiempos. Ella lloró por su vida pasada y el la pidió que no lo hiciera. Ella se quejó de que no la querían y el dijo que no se preocupara. El estaría allí para consolarla y lamerla las heridas.
Ella dijo que le quería y pensó que era un encanto.
Su barco se hundió casi al iniciar la travesía, y ellos al igual que los ahogados vieron desfilar su vida durante casi 20 años.
Los restos de aquel naufragio interminable aún aparecen en la playa con las grandes mareas, las de la luna llena.
Ella esta en una nueva singladura buscando tesoros.
El se sienta en la arena, contempla la luna, y piensa que alguien vendrá a decirle que le quiere, y esta vez será verdad.
Cada cierto tiempo un delfín le visita, y le hace recordar que al menos todo aquel viaje sirvió de algo.

Semáforos (Epílogo)

10:05 Una paloma más se desploma en medio del asfalto. La ola de calor no remite.

Semáforos y (VI)

10:00 Ella le ha visto al otro lado y no ha podido evitar una sonrisa. Mira que comprar velas. Ya no tienen edad para esas cosas. Y el follón que se ha montado en el súper. ! Pero por Dios! Menos mal que ha llegado ella. Se ha dirigido a la cajera. Ha preguntado. Ha pagado. Le ha jurado que ha sido un error. Que es que se le había olvidado darle el dinero a su novio. Su novio. Que bien suena. Esta noche promete.
10:05 Cruza y le da un enorme beso al hombre de la bolsa.

Semáforos (V)

10:00 Los niños oyen el móvil y se acuerdan que su madre siempre esta hablando por el. Se pasa todo el tiempo con el móvil en la mano. Incluso mientras les da el desayuno. No entienden muy bien porque en cuanto sale su padre por la puerta suena un móvil. Ella habla y les pone un bocadillo sin soltarlo. ¿Porque la entra la prisa en bajarlos al portal?. A veces hasta se olvida peinarlos. No les gusta. La niña le dice a su hermano que mire el bocadillo. El también lo saca y lo abre. La segunda vez en lo que va de mes que su madre se le olvida poner el relleno. Siempre con esa prisa por bajarlos al portal. Y a veces despeinados. Ven la bolsa del super del hombre y deciden comprarse un bollo.

10:05 Cruzan y tiran el bocadillo a la papelera.

Semáforos (IV)

10:00 El hombre mira el móvil y recuerda el pitido al salir del súper. No quería hacerlo pero esta noche es especial. Total por una velas. La que le han montado. El se ha explicado. Nunca ha robado nada. Pero o compraba el pez para la cena o la decoración. Es una ocasión especial y no quiere defraudarla. La vergüenza le entró cuando apareció ella por la puerta del súper en medio del follón. Ahora está ahí enfrente en la otra acera. La mira y la sonríe.
10:05 Cruza y la va a besar.

Semáforos (III)

10:00 Suena el móvil y ella observa el número. Mira que le ha dicho que no la llame a esa hora.
Se lo advirtió. No me llames, el estara conmigo. Ni caso. Ahora que hace. ¿Disimula?. El la esta mirando. Ya la ha pillado dos veces hablando. Mejor no descuelga. Ella sabe que el lo paso mal con su anterior relación. No quiere que sufra. La casa no esta mal. Es un poco pequeña. Pero cree que la mesa de dibujo que le ha comprado entrara al lado del balconcillo. A el le gusta pintar, y en la tienda le han asegurado que la mesa es muy comoda. Ella no sabe si lo es, pero si sabe que le dijo al de la tienda que no le llamaran a esa hora. Que estaría con el. Que es una sorpresa.
Le envia un mensaje al de la tienda. "Paso a recogerla a las 2". A esa hora el esta en clase.
10:05 Cruza con el

Semáforos (II)

10:00 El novio la observa cuando descuelga. No se fía. Tantos mensajes le tienen mosqueado. Ella le dice que es por la tesis, pero el no la cree. Ya la ha pillado dos veces cuchicheando en voz baja al teléfono. La relación va bien, solo problemas domésticos por los pocos ingresos. Lo normal. Bah seguro que no es nada. No es como la otra vez, con su anterior novia. Eso piensa. La otra vez ella era mala. Esta es muy buena. La mujer de su vida. Eso cree.
Las tesis son así. Llevan mucho tiempo. Además cuando la termine podrá acceder al trabajo que la han prometido. Las cosas entonces irán mejor. ¿Quien sabe? Incluso podrán mudarse a un piso más grande
10:05 Cruza con ella

Semáforos (I)

10:00 El semáforo se pone verde y la paloma vuela a puerto seguro.
Suena una tono de movil alegre. La chica mira a su novio y manda un mensaje.
El hombre de la bolsa del super mira a la pareja.
En la otra acera los dos niños miran los bocadillos que les ha puesto su madre para el recreo.
La mujer que esta al lado los observa.
10:05 El semáforo cambia y una de ellos se desploma.

I y (V)

El ejecutivo borracho que va a solicitar los favores de la prostituta ve que ella observa a un basurero que vigila a un enano con zapatos italianos que corre detrás de un hombre con un maletín por un callejón oscuro.
¿Un maletín? ¿Donde está mi maletín?
El que escribe se acuerda de las viejas películas de los años 50, pero no sabe porque le tiene que pasar algo así a el.

I (IV)

La prostituta que esta debajo de la farola observa a un basurero que vigila a un enano con zapatos italianos que corre detrás de un hombre por un callejón oscuro y enciende otro cigarrillo.
En la seguridad de la luz de su farola no se está mal. Mira la luna.
Se acuerda de las viejas películas de los años 50, pero no sabe porque le tiene que pasar algo así a ella.

I (III)

El basurero que recoge el cubo ve pasar un enano con zapatos italianos corriendo detrás de un hombre por un callejón oscuro.
Le parece una escena extraña. Pero desde que trabaja por la noche está acostumbrado a ver de todo. No interviene porque la noche es peligrosa.
Se acuerda de las viejas películas de los años 50, pero no sabe porque le tiene que pasar algo así a el.

I (II)

El enano mudo con los zapatos italianos lleva corriendo un buen rato detrás del hombre que se ha metido en el callejón.
Ha visto como se le caía la cartera al doblar la esquina.
La ha recogido e intenta alcanzarle. Pero por más que corre no lo consigue.
Se acuerda de las viejas películas de los años 50, pero no sabe porque le tiene que pasar algo así a el.

I (I)

El hombre que pasa por el callejón oscuro lleva oyendo los pasos detrás un buen rato.
Suda y se afloja el nudo de la corbata.
Aferra el maletín y acelera.
Por nada del mundo quiere perderlo.
Se acuerda de las viejas películas de los años 50, pero no sabe porque le tiene que pasar algo así a el.

Llamalo X

Ella taconea por mi cerebro como si fuera su casa.
No se quien es, ni la conozco,
pero ronda entre mis pensamientos y mi pelo.
La huelo en la almohada,
siento el calor de su aliento en mi espalda,
la oigo y distingo
entre el murmullo de mi silencio.
Sabe a mar.
Un día se mostrará.
Si no,
la seguiré soñando.

Txope o la fuerza del destino

Ayer le vi pasar como siempre cabizbajo y escupiendo a la acera.
Txope tiene una visión de la realidad y del mundo que no tiene nada que ver con los humanos. Eso, para un camarero, es intrínsicamente malo. Así que el dueño del bar harto de que los clientes se quejaran porque si pedían café les ponía torreznos de aperitivo y si pedían una caña de cerveza les ponía churros, le despidió.
El tío entonces se profesionalizo en el mundo de pelar patatas en plan industrial y la verdad no lo hacia mal. Estaba muy orgulloso de que solo perdía un 2 % de patata pelándola. Un día el 2% fue media falange del dedo medio. Así que a la calle.
El le gustaba mucho la mecánica. Siempre con su 850 tirado en la acera y lleno de grasa como las cebras. Yo creo que se tiraba para que no se notara que iba cocido, porque eso si, Txope bebe como si se fuera a acabar la cerveza. De hecho es el único tío que conozco que cuando se suena los mocos lanza riadas de espuma por la nariz.
Pero decidió dar un paso más y se saco el carnet. Ya le dijimos, "Txope que esto no es para ti, sigue con la mecánica, que la vas a liar". Pero el no hizo caso y se dio a la conducción durante dos días. Los que tardo en estamparse contra un semáforo. El decía que le había deslumbrado la luz roja.
En fin, salio del hospital en poco tiempo, un par de meses creo que fueron. Y no cejo en su empeño. Es un poco falto pero con dos cojones.
Se compro otro coche y la semana se estrello contra la valla del único colegió de only féminas que hay en vallecas. Que coño andaría mirando el mamón?
3 meses de hospital.
Allí postrado le convencieron de que conducir no era lo suyo. Y el tío accedió. Menos mal. Un entierro menos para asistir.
Un amigo suyo lo fue a buscar porque la verdad el tío no había quedado bien. Escayolado de un brazo y una pierna no se valía.
Al llegar al bulevar pasó cerca del bar donde había ejercido de camarero y dijo: Joder, unas cañitas.
Cuando abrió la puerta y plantó medio cuerpo fuera no lo voy llegar. El camión de los bomberos se lo llevo a el y a la puerta.
En el hospital creo que le regalaron un globito por tanta visita.
Txope tenía la cara destrozada y le hicieron un arreglo.
La indemnización de los bomberos fue golosa. Le dieron unos cuantos kilos. El médico le aconsejó que fuera a un cirujano plástico y que con aquel dinero se arreglara la cara.
Txope prefirió bebérselo y por ahí le ves pasar, cojeando, con la cara destrozada y jurando que no volverá a conducir.

Return of innocence (Una canción de Enigma)

- Se ha extendido. No hay mucho que hacer. Tienes unos 6 meses.
El se miró y entonces se dio cuenta.
Buscó en sus bolsillo y sacó la PDA depositandola en la mesa. Le siguió el teléfono 3G/UMTS conectado a la intranet de su trabajo. La Blackberry, y el headset bluetooth. La corbata y los gemelos y el pin de oro del club al que pertenecia. La chaqueta la dejo doblada encima de la silla. La camisa y los pantalones de armani. Los zapatos ingleses y los calzoncillos de diseño. El pirsin de oro. El implante de diamante en uno de sus dientes. Las lentillas de colores. El tatuaje racial del brazo.
Una vez desnudo salio por la puerta de la consulta. Se introdujo en el ascensor, miró al espejo y se vio preparado para lo importante de la vida.

A place for my head

Ha sonado un tono de llamada en el móvil.
- Cariño, ya lo cojo yo.
Ella corre a por el al otro lado del pasillo y se mete en la cocina. Entorna la puerta y habla en voz baja.
El oye las risas en bajo y el tono cariñoso que le recuerda que ella fue así con el hace mucho tiempo.
El cree que le ha llamado cariño porque ya no se acuerda como le llamaba cuando le quería.
El sigue meciendo la cuna mientras ella lanza besos al aire que giran por el pasillo y se abalanzan contra la pared.
El ceño se le frunce y un ojo se le humedece.
Ella se despide con el tono que usaba hace muchos años cuando se estiraba la ropa y se atusaba el pelo antes de prometerle que le llamaría en cuanto subiera las escaleras del portal.
El sigue meciendo la cuna donde su hija descansa y la jura susurrando que a ella no le faltara nunca el amor que a el le están robado.
- Cariño salgo un momento a por tabaco.
Se cierra la puerta y el corazón del el.

Aprendiendo idiomas

El tío ha visto a la rubia entre todo el humo del Púb. Y se dice esta para mí.
Es sábado y ha dejado la obra así que ahora es el tiempo de divertirse.
Se ha comprado una camiseta ceñida de adidas que brilla y resalta la cara que tiene del color de una nécora.
- Rubia, estas sola?
La rubia le mira con sus ojos azules y dice
- Si
- Quieres una copa ?
- Si
Ponme 2 copas
- Oye sabes que estas muy buena?
- Si
- Pues a mi me gustas mucho...
- Si
-¿Nos vamos a mi casa que se esta mas tranquilo?
- Si.
La agarra de la muñeca y se dirige a la puerta.
- ¿Como has dicho que te llamabas?
- Si si si si si
Demasiado tarde se ha dado cuenta que el no sabe rumano ni la chica español. Los amigos de ella lo sacan en volandas y ya le están enseñando la primera lección gratis.

Una forma de despedirse (La más simple y las más compleja)

Ayer te dije que no volverias a hablar conmigo y tu dijiste que no entendias nada y es porque no entiendes nada por lo que no volveras a hablar conmigo

Tengo prejuicios (Nobody is perfect)

-¿Quieres un café?
- Claro, ¿Te ocurre algo?
- No es que quiero hablar contigo y pedirte consejo.
La chica ya había tenido problemas otras veces y al parecer el tener 39 años, ser separado y demás, te otorga el curioso título de consejero.
Yo nunca doy consejosm pero si soy un buen oyente. Pienso que en esta vida las palabras son tan importantes que cuando decidas usarlas debes saber muy bien en que. No me gusta hablar por hablar.
- ¿Que te ocurre?
- Nada el otro día quede con un colega que me invito a su casa a comer. Tenía interés en él. Pero verás. Yo ya sabía que era separado y tenía un hijo que esta con su ex. El caso es que según me cuenta, cuando se separó una compañera de trabajo ,le ofreció irse a su piso. En principio no había problema, porque ella vivía con su novio. Pero claro una noche decidieron jugar al escondite por el pasillo y cruzarse de habitaciones. El novio se dio cuenta, y dejo a la chica. Ahora esta también está embarazada, y mi amigo no sabe muy bien que hacer. A mi me gusta el y la verdad no se que hacer.
- ¿Que comiste?
- ¿Como?
- Si, ¿Que que comiste?
- Lubina
- ¿Estaba buena?
- ¿Pero como me preguntas eso, con lo que te he contado?
- Pues porque alguien como tu, y alguien como el, no tienen el mínimo interés como personas para mi, así que mejor centrarme en la gastronomía. Por cierto, este café esta asqueroso.
No me ha vuelto a llamar para tomar café, pero casi lo prefiero

Sexo burro (Un homenaje a la primavera) y IV

Reconozco que nunca, de todos los que he tocado, había visto uno tan húmedo.
Estaba caliente y despedía un olor salado.
Así pues introduje los dedos y noté como se abría sin oponer resistencia. Con un suave movimiento apunte el índice hacia arriba buscando su punto.
Luego me los lleve a la boca y me lamí los dedos.
Repetí la operación una y otra vez hasta que no quedo nada.







Me encanta hacer croquetas. ¿A ti no?

Sexo burro (Un homenaje a la primavera) III

La charcutera está de buen ver. No es una niña y desde que su Antonio se fue tiene la cama fría.
El hombre de la gorra también esta de buen ver. Todos los días se para un instante delante del puesto. Se enciende un cigarro y se queda mirando . La mira por debajo de la gorra, como si tuviera vergüenza. Ella se ha dado cuenta, como solo las mujeres se percatan de como miramos los hombre.
Así que hoy se ha puesto la camiseta más escotada y su mejor lencería. Se ha perfumado y le espera.
Cuando le ve llegar, sale del puesto con su minifalda moviendo el culo, y se agacha a colocar el embutido.
El se para y enciende un cigarrillo.
Ella hace con que se le cae el género. Se esparraman los lomos por el suelo. Le pide ayuda y el otro empieza a recogerlos del suelo y los pone en una caja. Ella coge aire e hincha las tetas que parece que se le van a explotar de un momento a otro.
- ¿Por favor, me ayudas a llevarlo al trastero?, dice ella
El asiente, sin soltar el cigarro de la boca.
Cuando llegan a la trastienda, la charcutera no enciende la luz. Le parece que la que entra por el ventanuco es más romantica. El hombre de la gorra la mira. Escupe la colilla y ella piensa que ahora es el momento.
Se levanta la camiseta enseñando su lencería y dice
- Pídeme lo que quieras
- ¿Me das un lomo? , es que hace años que no lo pruebo, es muy caro.
Ella le mira, se baja la camiseta y le da el mejor que tiene. Total, la ha recordado que todavía puede sentir eso.

Sexo burro (Un homenaje a la primavera) II

Elena se ha apuntado al gimnasio solo por el rubio. Le ha visto salir de el con su chándal de nike y el culo apretado muchas veces.
Se ha comprado unas mallas y un tanga que se pone por encima. Un top blanco que le marca los pezones. Se ha depilado hasta los pelos del culo. Hoy triunfa de fijo.
Se pasa la clase al lado del rubio. Si hay que botar mirando el espejo, ella bota mirando al rubio.
El monitor la llama la atención.
- Elena mira aquí
Las flexiones las hace como si fuera de goma, y el tanga le marca los labios como si su pelvis fuera la boca de un sordomudo.
Después de media hora acaba la clase y va a los vestuarios.
Se ducha y se pone una toalla.
Cuando ve salir al rubio por la rendija de la puerta del vestuario ella se hace la distraída y sale con su toalla.
En frente del rubio la toalla se hace la distraída también y se cae al suelo.
El rubio la mira, recoge la toalla y se la da.
Elena no entiende nada.
El rubio le da un beso al monitor.
Mal día para hacer gimnasia.

Sexo burro (Un homenaje a la primavera) I

Juan quiere tirarse a una negra. Eso dice. No quiere amor, ni pasión, ni nada, simplemente dice que quiere tirarse a una negra.
Ha frecuentado bares donde hay ganado, eso dice. Pero allí las negras solo bailan.
-Juan apúntate a bailes de salón, dicen los expertos sexólogos del barrio, y aprende rumba y cosas de esas, que eso las pone.
Juan lleva bailando 3 meses y hoy es su día.
Ha ido a la discoteca y entre la lluvia de café y la burra de Juan Valdés ha pillado cacho, eso dice.
Tremenda la negra, con dos tetas como carretas.1, 85 de negra, Juan, ¿Pero a donde vas, hombre, con esa pedazo de tía?
Juan se agarra a ella como si le fuera la vida, y se va por medio de la pista con su negra, eso si muy despacito para que le vean.
Juan está desayunando en el bar. Con los sexólogos. Pero hoy no se sienta. O los tíos menstruamos o la mancha del pantalón indica que la negra tenía algo más grande que sus tetas. Igual es que la negra se quería tirar a Fred Astair.
Hoy no vas a bailar, Juan, me parece que estarás una temporada sin poder menearte.
Asssssssssuccccaaaaaaaaaaaaaaarrrrrrrrrrrrrrrrrr

La vida es como una comida en casa de los suegros

Hola :
Estaba cenando y no podía evitar el pensarlo.
La vida es como ir a comer a casa de los suegros.
Si a uno le ponen un plato que le gusta siempre se avergüenza de pedir más y se queda sin repetir.
Si a uno aborrece la comida , siempre calla y se la come sin rechistar esperando que no le ofrezcan otra ración porque sabe que también le tocara comérsela.