lunes, diciembre 05, 2005

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 50

Empecé a perder las ganas de explicar el porque de las cosas cuando dejaron a la razón tirada en una parada del autobús, y los demás sentidos se burlaron de ella desde las ventanillas, y a todos nos pareció bien y lo aplaudimos

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 49

Se levantó y se puso su camiseta nueva de Superman. Repasó rápidamente sus notas.
El asistente social llevaba en el trabajo 3 meses, y quería impresionar. Su carrera de psicología le había servido de bien poco, rellenado formularios detrás de la mesa. Pero esto era otra cosa.
El jefe le había pedido que visitara a Justa, una anciana del barrio. Le dijo que los vecinos habían denunciado varias veces el estado, en que a su juicio, se encontraba la abuela, y que esa experiencia le iría bien, que así saldría de entre los papeles y vería el mundo real.
Así pues le encomendaron una visita.
El portal no estaba mal conservado. No tenía un aspecto descuidado. Pero se asombró de encontrarse la puerta del piso entreabierta en un barrio como aquel.
Llamó al timbre y escucho una voz que denotaba edad pero también energía.
Al entrar en la habitación la vio.
Justa no se conservaba mal para los 70 años que tenía. No vestía tampoco de acorde a su edad, con aquella bata de seda japonesa. Los labios los tenía pintados de un rojo insultante y en general tenía un aspecto sano. Delgada, fibrosa. No aparentaba ser una persona mayor con problemas.
- Pase, pase. ¿Que quería?
- Buenos días, vengo del ayuntamiento, quería hablar con usted. ¿Que tal se encuentra?
- Bien, dijo ella, ¿Ya han vuelto a dar la murga los vecinos?, ¿Porqué no me dejan en paz?
- Bueno, verá, el caso es que ellos se preocupan por usted. Piensan que está desatendida.
- Ah, ya, contestó Justa encendiendo un cigarrillo con boquilla, es lo que tienen estos tiempos, la gente se aburre, ve demasiada televisión y follan poco.
El asistente tragó saliva, pero recordó las enseñanzas de la universidad, y prosiguió intentando ganarse la confianza de su interlocutora.
- Piensan que está usted sola y desatendida. ¿No sale nunca?
- ¿Para qué?, dijo ella, tengo todo lo que necesito, y si algo me falta me lo traen mis amantes.
¡Vaya con la vieja!, pensó Superman
- ¿No tiene familia?
- Una hija, pero vive en París. Hace su vida, como hice yo. Procuro no molestarla. Sabe mi dirección por si necesita algo
- ¿Es usted creyente?, preguntó señalando la foto del nuevo Papa en la repisa al lado del cenicero.
- No. ¿Lo dice por la foto? Lo trajo el cura que me tiré ayer. Cuando vuelva se la devolveré. No creo en Dios, es más, no creo que el tampoco crea en mi. Es un tema que no me interesa en absoluto. El me ignora y yo a el.
El asistente no sabía muy bien que decir y dudó.
- ¿Quiere usted un café?, dijo Justa, voy a ponerme una copa.
- Ah, gracias, sí, contestó el para ganar tiempo.
La vio levantarse andado como una diva hacia la cocina.
El buscó ideas y recuerdos sobre este tipo de situaciones. Pero lo único que conseguía recordar claramente eran las instrucciones del curso de salvavidas de la piscina. Aquellas que decían que para salvar a alguien de morir ahogado lo importante es que la persona en peligro quiera ser salvada.
- Tome joven, le dijo la abuela, mostrándole un café y que no llevaba ropa interior.
- Gracias. Pues en fin, yo creo que esta usted muy bien, ¿No?
- Usted es el experto, ¿No?
- Si, si, claro, digo no, la verdad no se que decirla.
- Ya, siempre le pasa a todos los nuevos
- ¿Como?, ¿Que nuevos?
- Los que me mandan del ayuntamiento. Por cierto dígale a su jefe que se dejo el otro día la pitillera, que se la devolveré cuando me traiga los videos que nos grabamos la otra noche.
- OK, OK, marcho entonces
- Adiós joven y no se lo tome como algo personal, pero me parece usted un poco zangolotino.

El se levanto rápido, y bajo la escalera tropezando por la prisa.
Todavía movía la cabeza de un lado a otro cuando abrió la puerta del despacho del jefe.
Un montón de risas le recibieron, junto a una cartulina que levantaban entre sus compañeros.
Solo ponía "Kriptonita".
No pudo menos que sonreír.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 48

Calcé la bayoneta y fui a asaltar el corazón de una chica, duro como el caparazón de una tortuga. A los 5 minutos estaba buscando un afilador para mi cuchilla y un cirujano para el mió propio. Daños colaterales.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 47

carolina dice:
hola
Ninotxo->Ohne Dich dice:
hola
carolina dice:
vivimos en un mundo muy asqueroso, eh?
Ninotxo->Ohne Dich dice:
tu sabrás
Ninotxo->Ohne Dich dice:
yo vivo en un bajo

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 46

Me intrigan las piernas. Piernas juntas, abriéndose, arrodillándose, desfilando, corriendo, huyendo, paseando, saltando, cruzándose, doblándose, torciéndose, rompiéndose, bailando....
Me intrigan y me gustan. Sobre todo si se abren. Uno, que es un golfo.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 45

Mi hija tiene un murciélago que come chuletas de cerdo y vive en una mansión. No me lo ha traído nunca a casa porque le deja durmiendo con 14 o 15 chuletas. Mi hija no tiene miedo a los murciélagos, y yo solo lo tengo a que no me cuente esas historias tan absurdamente bellas.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 44

El hombre que hablaba demasiado estaba muy preocupado. A costa de su incontencia había llegado el momento en que tenía mucho más que callar que decir. La gente ya no se paraba a su paso para escuchar sus discursos. Hizo intentos de dar conferencias ante extranjeros pero el resultado fue patético. Ahora susurra a los oídos de sus acólitos que luego vociferan sus consignas ante multitudes que se resguardan detrás de obispos y fundaciones. Pero sabe que ni Dios le hará caso.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 43

Hay un hada triste que ha perdido el polvo de sus alas. Lo reemplaza con el costo que al que le invitan los atorrantes de sus compañeros de clases. La veo en el banco del parque con la mirada perdida, escuchando las risotadas de los trasgos estúpidos que la acompañan. Creo que nadie la leyó un cuento nunca y que así nos va a todos.

jueves, diciembre 01, 2005

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 42

Paré en el semáforo con mi coche y vi pasar a la fila de jovenes con sus camisetas negras y sus rapados imposibles. LLevaban bolsas de litros de cerveza y cinturones de chinchetas. Tatuajes y risas. Vi mi juventud pasar delante de mi.
Cuando cambió el semaforo observé al final como intentaba cruzar corriendo una pareja que conocía de aquellos tiempos. Cerré los ojos y aceleré a tope.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 41

Una vez un tipo que cultivaba 40 clases de tomates diferentes me dijo que yo fumaba como invocación antes de hacer algo.
Me encendí un cigarrillo y le mandé a tomar por culo.
Creo que se le daba mejor clasificar los tomates que la gente.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 40

Primero una gota. Luego otra. Muchas más.
Un verdadero diluvio.
El hombre que creía todo lo podía empezó a intentar evitar que tocarán su preciado terruño. Corriendo de un lado a otro como un loco. ¿Pero, quien puede parar la lluvia?. Se sentó en su refugio, empapado , y pensó que la proxima vez sería más sabio

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 39

En la multinacional se recibían muchas cartas. No se extrañó cuando le entregaron el sobre.
Cuando abrió el anónimo, y leyó lo que ponía sobre su mísera vida, y lo mezquino que era ,se levantó indignado y salió del despacho.
Al mirar la sala repleta de tipos como el, que le miraban asombrados, se percató de que en realidad le hubiera dado igual que la carta viniera firmada. No sabía ningún nombre de todos aquellos personajes.
Sí que era muy mezquino

Una historia normal

Conocí una chica. Conocer es hablar. Hable con una chica. Mucho tiempo.
Pensó que le gustaba y era bueno. Gustar y ser bueno es querer. Me quería esa chica.
Nunca vi ni un trozo de su piel. No era necesario.
El otro día me contó que salio de marcha, bebió, vio un chico y se lo llevo a la cama.
Le he dicho que le pida su dirección de correo para que la conozca, la hable, la guste y le quiera.
Yo la he puesto en no admitidos.
Es ficción pero alguno os sonará esa historia. Seguro.

7 Pecados, 7 Castigos - Avaricia

La niña rubia jugaba en el parque con un cubito y una pala.
La otra nena de coletas se acercó.
- ¿Me dejas el cubo?
- No, dijo la rubia
- ¿Y la pala?
- No, es mía
- ¿Me puedo sentar aquí a ver como haces el castillo?
- No, esta tierra es mía. Dijo la rubia.
La madre de la niña rubia corrió hasta ella.
- No te juntes con esa, que su madre limpia escaleras.
Apresuradamente corrió con la niña rubia hacia el audi aparcado el lado. Metió a la niña dentro y arranco acelerando sin sentido. El coche desapareció rápidamente.
La niña de coletas recogió la pala y el cubito, que habían abandonado en su loca huida, y se puso a jugar con la tierra de la niña rubia.

7 Pecados, 7 Castigos - Yo

Yo tengo Gula, y las cosas que me saciaban, ya no lo hacen
Lujuria, y no con quien practicarla.
Envidia, y no puedo tener lo que quiero.
Soberbia, y me ponen de ejemplo de idiota.
Ira, y es contra mí.
Avaricia de ti, y los bolsillos vacíos.
Doy la vuelta, y me voy por donde he venido. Con la mirada perdida y hablando solo.
Pereza, y no escribo más.

7 Pecados, 7 Castigos - Envidia

Toda la vida imitando a su ídolo.
Mismos bailes, mismos gestos, misma ropa.
Se gastó una fortuna en hacerse la cirugía estética. Parecía un clon. Alto, fornido, con ese agujero en la barbilla. Triunfaba por donde iba, porque todo el mundo le confundía con el cantante.
Desde que anunciaron en televisión que su ídolo era pederasta, drogadicto y traficaba con armas, vive encerrado en su cuarto sin salir a la calle.

7 Pecados, 7 Castigos - Soberbia

El hombre miró a la otra esquina donde había aparecido el grupo de niños. Se irguió , y se atusó la americana. Hacía, calor pero no se aflojó el nudo de la corbata. La temperatura era de 40 grados, y los zapatos 2 tallas menores, le apretaban los pies. Los niños reían y le señalaban.
El alzó el cuello en un gesto de desdén, e inmediatamente miró al frente ignorándoles.
No estaban a su altura. Ni ellos, ni sus padres.
Siguió empujando el carrito lleno de cartones hacía el próximo contenedor.
Los niños corrieron detrás de el , como de mayores algunos correrían detrás de un carrito igual.

7 Pecados , 7 Castigos - Pereza

Un ...... d..í.a u n es
cri tor
...
.
.
Fin
Te has librado del castigo de leerme. Yo también peco.

7 Pecados, 7 Castigos - Gula

El niño llora en la silla.
La fiesta se ha parado al ver al pequeño vestido de almirante lamentarse.
- ¿Que te ocurre, nene?
El niño se lleva la mano a la garganta y vomita tarta, carne, langostinos y gambas y croquetas y por supuesto la hostia consagrada.
De mayor se acordará y reflexionará porque para abrazar a Cristo sus padres invitaron a pecar a 100 personas con aquel insultante banquete exagerado, que había que comerse sí o sí.

7 Pecados, 7 Castigos - Ira

El día había comenzado mal. Lo que se dice levantarse con el pie izquierdo. El café derramado sobre su camisa había calentado el ambiente. La aglomeración del metro no había hecho más que engordar el enfado. Los comentarios de sus compañeros de su trabajo, sobre la última bronca que le había caído, le frunció el ceño. Se puso unos auriculares, y se encerró en su mundo, golpeando las teclas y ajusticiando facturas. Mierda de mundo.
Cuando sintió el suave toque en la espalda se giro violentamente en su silla y espetó:
- Me cago en Cristo. ¿Tu que cojones quieres ahora?
La chica nueva, que se había pasado la mañana maquillándose para gustarle, y reuniendo el valor de pedirle una cita, no lo volvió a hacer en la vida.

7 Pecados, 7 Castigos - Lujuria

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 38

Las dos bandas ,vestidas como se visten en el Bronx, habían quedado en el parque de Maria Luisa de Sevilla, para acuchillarse a gusto. De pronto aparecio otra banda de hombres uniformados y con placa, y aniquiló a las dos bandas, porque no les gustaba que el parque de Maria Luisa se llenara de tipos con chandal acuchillandose.
Fin de la historia.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 37

El hombre contrario estaba siempre enfadado. Se enfadaba por que le querían mover unos papeles, se enfadaba porque su compañeros se hicieran el amor sin su consentimiento, se enfadaba porque la gente no pensaba como el, se enfadaba porque no le hacían caso.
Un día que salió a pasear al amanecer se fijo en su sombra, y como esta miraba en la otra dirección y no en la que el quería, decidió perseguirla para darla una paliza.
Alguna vez te puedes cruzar con el, porque desde entonces no ha parado de correr.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 36

El hombre que solo escribía era del país en el que todos los hombres solo sabían leer. Estaba muy triste.
Un día andando por la calle se encontró a una mujer que solo leía. Ella era del país en que todas las mujeres escribían pero no sabían leer.
Se enamoraron, y al contrario de lo que pueda parecer, fueron muy desdichados. Se aburrían.
Como yo.

Melocotones - Frutas

Me gustaba el tacto de la piel de melocotón.
Me recordaba dos cosas:
Mi juventud, cuando de imberbe dejaba crecer pelos, sin nada de fuerza, de mi cara, con la esperanza de parecer más adulto, y la piel de una mujer.
Ahora los jóvenes han sustituido las barbas por otros artilugios externos. Piercings, tatoos, cicatrices, etc. Esperan que a sí les tengan respeto, y les identifiquen con sus iguales. Vana esperanza, me temo. Dentro de unos años tendremos un montón de viejos tatuados, con sus piercings y sin dientes, sentados en los parqués tomando el sol y viendo lo estúpidos que fueron.
En cuanto a lo de la piel de la mujer, se me ha olvidado su tacto.
Hace tiempo que compro solo melocotones en almíbar. A Lucía le gustan, y a mi no me causan problemas.

Fresas - Frutas

El mejor postre que me he comido en mi vida fueron unas fresas del huerto del tío Jesús en Asturias, mezclados con requesón fresco.
Las fresas y el requesón fueron el intercambio por una jornada de pesca. Yo te doy, tú me das. Los mejores frutos del mar, que fueron recolectados con la máxima paciencia y su dosis de riesgo, para un viejo que estaba siempre en cuclillas, y nos miraba con envidia cuando íbamos a pescar. A cambio, los frutos más sabrosos cultivados con el mayor de los esmeros, y la paciencia que da que la única prisa que tiene uno es cuando le visitará la muerte.
Ese día el postre fue antológico. Pero claro, yo también por aquellos tiempos era ignorante, y tremendamente feliz.

Plátanos - Frutas

Veo manojos de plátanos que traen de no se que país. Unos plátanos enormes, con el color y la forma perfecta.
Siempre es un consuelo que algún pseudo experto diga que los ricos no son esos, sino los que tienen manchitas, no tan bonitos, pero si más sabrosos.
Para alguien como yo, que pertenezco a los que la tienen pequeña, no deja de agradecerse. Aunque no se si colará, porque me temo que al experto le pasa lo que a mí.

Maracuyá - Frutas

No es que tenga nada contra ese tipo de frutas.
Pero me suena como el reggatón. Prefiero la fruta de Aragón.

Manzanas - Frutas

Las manzanas demuestran el engaño de la religión.
Así de claro.
Veamos.
Nos han enseñado que sufrimos todos los males, (el trabajo por ejemplo), por comernos una manzana.
Pero nadie las ha prohibido desde entonces.
Vamos al súper y te puedes llenar el carrito de la compra de manzanas. ¡El fruto prohibido a 2 Euros el kilo! Y anunciado en carteles de colores. ¡Como tengo las manzanas!, te gritan.
No se, no le veo sentido.
Claro algún teólogo y demás dirá que en la Biblia eso es un cuento, una metáfora, para que entendamos a Dios.
Y yo diré lo de siempre: " ¿Y lo demás que está escrito en ese libro no es un cuento?

Uvas - Frutas

Curiosa la costumbre de comerse 12 uvas al fin de año.
Invocar la suerte así. Con un producto que lleva desde Septiembre en los puestos. Y esperamos a Diciembre, pensando que esas 12 si que nos traerán felicidad. Las demás que nos comemos anteriormente no, esas 12 sí.
Cuidamos los detalles una vez al año. Como si fuéramos a confesarnos y así expiáramos los pecados.
Prefiero comer uvas en cualquier ocasión menos en fin de año. Como saludar a mis vecinos, cuando me cruzo con ellos

Sandía - Frutas

La forma correcta de partir una sandía es la que determinará su estado de conservación. Si la abres mal posiblemente dure poco.
Uno la abre, esperando escuchar ese crujido. Luego mira, como si esperara descubrir un tesoro. ¡Que bien!, tiene pocas pipas. O ¡Que mal! está llena de pipas.
Como si nunca hubiera visto una sandía.
Personalmente prefiero comérmela sin usar cubiertos. Una mano a cada esquina de la rodaja, e impregnándome de su sabor. Lo del cuchillo y el tenedor me parece un brindis al sol. Uno no se mancha, pero no disfruta.
Sí, decididamente me gusta el cunilingus. Pero a lo antiguo.

Naranja - Frutas

La naranja es una incógnita.
Al morderla no sabe uno lo que se puede encontrar. ¿Será dulce?, ¿Será agria?
Eso sí, si muerdes una naranja pueden suceder dos cosas: que te impregnes la cara totalmente de su zumo, o que este seca y no desprenda nada.
Imprevisibles.
No sabe uno el recuerdo que le puede quedar al abrir una naranja.
Lo mismo que al sentarme en un banco, al lado de alguien que me mire a los ojos.

Limón - Frutas

Existen dos tipos de personas:
Las que son capaces de morder un limón, comérselo sin pestañear y no hacer un mínimo gesto de desagrado, y el resto de los mortales.
Los devoradores de limones no lo hacen por impresionar, no. Tienen esa capacidad innata. No son educados para ello...
No me gustan los comedores de limones. Me dan la impresión que al igual que actúan con los limones, serían capaces de hacer cualquier otra cosa, con el mismo coste.
Los envidio.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 35

El impacto entre el stress por ser alguien y la líbido, ha producido hoy varias victimas más en los dormitorios españoles. Dense un respiro ustedes mismos, o no quedaran parejas que me paguen la pensión.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 34

Los soldados desfilan por la pista con sus petates y armas colgadas. Al fondo un monton de aviones con la puerta de acceso abierta y la rampa bajada.
Una escena que hemos contemplado muy pocas veces, en muy pocos sitios.
Porque ellos, vuelven a sus casas.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 33

Medio desnuda asoma a la ventana buscando el fresco de la noche. No puede dormir. Demasiado calor acumulado. Se ha duchado y el pelo negro brilla con la luz de la farola.
El borracho vuelve haciendo eses por la acera y la ve.
Dice :
- !Pero calla!.¿Que luz brota de aquella ventana? ¡Es el Oriente, Julieta es el sol! Alza, bella lumbrera y mata a la envidiosa luna, ya enferma y pálida de dolor, porque tú, sacerdotisa, la excedes mucho en belleza.
Ella mira al borracho, y le dice que deje de montar escandalo.
Piensa que son malos tiempos para los Montescos. El que escribe también, porque duda ya que alguien recuerde quien de los dos es el que pensaba eso.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 32

Planea entre las nubes en una mañana cálida de verano.
Con la punta de las alas roza el agua. Levanta olas y salpica con unas gotas a la niña que juega en la orilla de la playa.
La guiña un ojo deteniéndose por un instante, y continúa su baile aéreo con las gaviotas que le envidian.
Los Ángeles existen y viven dentro de las pupilas de nuestros hijos. De eso no hay duda.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 31

Me han regalado media sandia.
Pesa 4 kilos.
Es una buena sandia.
La tengo en la nevera.
No se si comérmela, porque seré un frutopata.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) 30

Este debería ser el Nº 30 en romano.
Microsoft ha decidido que 30 en romano es una palabra prohibida.
Bill Gate manda.
Luego borrará las copias de Gladiator, demolerá el Coliseo y se cargará los tebeos del Jabato.
Sobre el Papa no ha dicho nada.
Todavía.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XIX

Se compró una mini-moto , que le costó una mini-fortuna, para hacer un mini-viaje. Fue minimamente feliz dando vueltas a la pecera que el llamaba vida.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXVIII

Me duele cuando me dicen que me quejo. Me quejo cuando dicen que me duele.
Hay poco más que decir.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXVII

En el país de los analgésicos no encuentran cura para el.
En el de los cirujanos no pueden hacer nada.
El de los antibióticos no saben que es ese vírus.
El mal de amores se va a descansar en la tapia del cementerio, esperando que le llegue la hora.
No hay sitio en este mundo para el.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXVI

Le encanta observar las curvas de las chicas tras sus gafas de sol.
Le encanta oler el perfume que desprenden en el ascensor desde una esquina.
Le encanta no saber quien el es el primer ministro chino a pesar de de que debe ser importante saberlo.
Le encanta escribir cuando nadie le esta leyendo.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXV

- Quiero sexo
La psiquiatra le observa. Su aspecto no es el de un depravado.
- ¿Desde cuando le ocurre?
- Quiero sexo
- ¿No cree que haya más cosas?. Le han despedido del trabajo por repetir eso sin parar.
- Quiero sexo
- ¿No puede decir otra cosa?
- Quiero sexo
Ella le mira y se le ocurre. Se quita la bata y se baja las bragas
El mira y dice
- Quiero irme

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXIV

Intentando meter el DVD en su sitio, dentro del mueble.
Mueve el armario y encuentra un papel amarillento.
Lo abre y llora.
Le habla de amores, de cuando reinaba el VHS.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXIII

Ella chatea con vergüenza. Lleva un mes chateando a espaldas de su novio. Busca una experiencia con una chica. Eso dice.
La candidata promete curvas y emociones.
Quedan.
Un cuento infantil en la mano es la clave.
Pide una copa en el bar y espera.
Se queda muda al ver entrar a su novio con un portátil colgado y un cuento con el titulo de Pinocho.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXII

El árabe reza agachado en el suelo, mirando hacia la Meca. Implorando la victoria
El cristiano reza mirando hacia el cielo. Implorando la victoria.
La victoria para el mundo esta en medio de ellos dos. Pero no la ven. Lo harían si sus miradas se encontraran, pero están demasiado ocupados buscando la protección de algo que nadie ha visto en persona, mirando sitios diametralmente opuestos.
Estúpidos.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XXI

Coge el cortauñas y las recorta como si me fuera la vida en ello. No quiere dejar ningún rastro de suciedad. Contempla los muñones de las falanges y dice que aun no es bastante.
Tal como hace con sus recuerdos.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XX

La lujuría y la razón se dan de tortas, mientras el hombre solitario sigue escribiendo en su ordenador. La chica que se sienta en el sillón con las piernas cruzadas, no espera el final de la pelea y se va.
La ironía se rie de las dos combatientes, que vuelven a ser la única compañia femenina del hombre solitario

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XIX

- Veamos a la victima.
- Tiene mala pinta.
El conductor yace con el cuello arrancado y las venas al aire. La cabeza cuelga sobre su hombro a punto de desprenderse.
- Ummm . Sí. Mala pinta. El tercero este mes. Llama a jefatura e informa que tenemos otro caso de claxon en serie. No se porque se empeñan en hacer ese ruido

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XVIII

Un sol radiante avisa del nacimiento del nuevo día.
El unicornio que habita el basurero, hurga entre los despojos de los ejercicios amorosos de los amantes de la noche. Entre ellos encuentra su más preciado manjar.
Los pájaros de alas blancas provenientes del enemigo del fuego, se disponen a disputárselo.
Pero el niño que busca varillas de paraguas y un carburador viejo, toca por error el cuerno del corcel y desea que la guerra termine.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XVII

El compañero del niño madrileño ve a la Santa Compaña tocando zamfoñas. Y dice !coño!, mañana cruzaremos el Miño
La Ñ se levanta y agradece el homenaje a sus amigos gallegos.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XVI

La chica no para de hablar de como cuando nacen los niños, le cortan el cordón umbilical.
Se señala el ombligo, porque en realidad, quiere lucir su nuevo piercing.
El maleante decide hablar de fútbol, y la pega una patada en la boca con sus nuevas nike.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XV

Priapo está muy orgullo de su miembro. Pero por su tamaño solo puede follar con cetaceos.
Un día se encontró a Moby Dick.
Y se lo comió.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XIV

Afrodita baila con un top del mundial de fútbol en medio de la gente. Dionisio toca una trompeta, y el macho cabrón intenta hacer una pirueta imposible encima de una banqueta.
Los dioses están de rebajas, esperando un realojo en alguna vivienda de protección oficial. Sus antiguos acólitos les arrojan unas monedas.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XIII

Mueve la mano a la mesita y no lo encuentra.

Nervioso mira entre los cojines, debajo del periódico, en la alfombra, la cama del perro, la lámpara, la pila de revistas pornos. Allí está.

Sonriendo lo agarra y apunta a la televisión.

Al pulsarlo la enciende.
Y su vida se apaga.
Funciona como siempre.

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XII

Se ha enredado el vestido en el arbusto. La boda fue bien hasta ese momento.
El fotógrafo espera impaciente y el novio intenta ayudar.
El rosal no la soltará. Está demasiado celoso de su belleza.
Se pincha un dedo al tirar de la seda, y la gota cae.
El rosal la libera. Sabe que lo hermoso no debe estropearse tan rápido. Por propia experiencia

Cuentos cortos (para los que nacimos cansados) XI

Su madre le ha dado dos monedas. La tecnología avanza.
Caronte no recoge monedas. Una expendedora emite billetes.No se cruza ningún lago.
Pero después del viaje por el subterraneo le espera lo mismo, un trabajo de mala muerte.
Su madre tiene razón