Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 88
- "No se a quien quieres engañar con esa actitud tuya de no haber roto un plato en la vida. Cuando yo te conocí no eras nada. Siempre enseñándote y abriéndote para todo el mundo. Maldigo el día que te traje para casa. Lo único que debías hacer es tener la cena lista y no sirves ni para eso."
La lluvia de golpes siguió a las palabras. Y cuando Ella acabo con él, lanzó un suspiro y se fue a la cama.
Mañana se compraba otro microondas.

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