Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 90
Hoy hace frío.
Como el día que vi a la Muerte.
Estaba sentada en un portal, al lado de un mendigo viejo.
Apoyaba su mano en el hombro de él. Como camaradas.
El no tenía miedo, y la miraba con una con una boca tan abierta, como falta de cuidados.
Ella era bellísima. Un rostro de angel. Se cubría con una capa roja y solo se le vislumbraba unos dientes perfectos y una sonrisa cazadora.
Yo la ofrecí la mitad de la garrafa de Mistela, un vino afrutado que llevaba. Ella la cogió, ofreció un sorbo a su nuevo acompañante, y volvió a sonreír.
Yo seguí a lo mío y desde entonces no he vuelto a probar ese licor.
Pero la recuerdo y espero que me ofrezca algún día un trago. Y su sonrisa.
De buen rollo.
Nada dramático.

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