Cuentos muy cortos (para los que nacimos cansados) 93
Ella se sienta en una piedra. Con cuidado, porque el último la hizo daño.
Ha estado vaciando penes de camionero toda la mañana, y el de algún jubilado que paseaba haciéndose el encontradizo.
La cara la tiene llena de huellas. La vida quema. Como los cigarros que consume uno a uno.
Fue bella. Ahora se oculta detrás de unas grandes gafas de sol. Un anorak la protege y cubre, entre tanto enseñar su cuerpo.
No habla. Solo deja que el sol la acaricie, en vez de meterla mano.
El se acerca, y hace lo único que prohíbe ella. La besa y la dice que es una flor, de las que sale en primavera.
Ella sonríe, y se levanta buscando a otro. Si le extrae el semen los dos comerán en un chino, y ella se quitará las gafas para que el vea unos ojos de enamorada.

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